viernes, 7 de agosto de 2015

¿Que lo que con La Gunguna?

  
     Me tildarán de imparcial al expresar mi opinión sobre esta película por haber tenido yo algo que ver con la post producción, pero no es por eso, y no es que crea que estamos frente al Ciudadano Kane Gato Pardo Kubrick Spielberg Scorsese Bertolucci Guay Mi Mai Palma de Oro local pero pero créanme que esta vale la pena. Voy… 

     Ya se me adelantaron, ya lo habían dicho, pero para mi esta película es buena como tal aquí y donde quiera, no solo por ser local, es cine de verdad; y en realidad esta no es la única película local de la que pienso esto, pero primero  ¿Por qué cine de verdad?

     En mi opinión las películas que se ha hecho hasta ahora en nuestro país, salvo muy elogiables excepciones, son proyectos de principiantes que carecen de demasiados elementos para ser considerados "cine" y esto no lo digo en modo despectivo, es que realmente somos principiantes, y como tales estamos logrando muy buenas cosas. Yo mismo en mi área tengo un obscuro pasado de tollos vergonzosos, pero creo que he mejorado algo.

     Aunque tenemos décadas haciendo cine publicitario, y gracias a esto la parte técnica ya la teníamos mas o menos resuelta, nuestro cine de ficción a penas comienza, y hacer cine no es nada fácil. Por eso entiendo que es normal que nuestro cine esté lleno de engendros insoportables y una que otra pieza digna y entiendo que todas esas "vainas" que se se ruedan y exhiben anualmente con tanto éxito son parte de un proceso natural, el cual querrámoslo o no, es el que ha mantenido e impulsado la fiebre del cine local a nivel popular (porque a la ley de cine tambien hay que prenderle su veloncito) y ha permitido que llegáramos al que me parece el siguiente eslabón en la evolución del nuestro cine comercial, La Gunguna.

     Muchas películas dominicanas tienen elementos buenos que les ayudan pero no las salvan: una buena fotografía… y ya, un par de buenas actuaciones, algunas con buenos chistes, una buena historia mal contada, historias malas bien contadas, algunas técnicamente muy bien logradas y sin mas, pero por primera vez, con La Gunguna, siento que una película local "de ficción y de corte comercial" cristaliza todos estos elementos y muchos otros en una sola pieza que atrapa, emociona, que hace pensar y te deja queriendo más, y resalto entre comillas de ficción y comercial porque en cuanto a "cine" se refiere esta no es la única destacable (por mi) que se ha hecho en la isla, pues por ahí andan La Montaña (mi favorita), Jean Gentil y Dólares de Arena, tres películas estupendas que responden a géneros diferentes y que lamentablemente no son muy atractivas para el público palomitero sabatino. 

     Pero La Gunguna es más digerible para este sector, y aunque no ha sido un fenómeno en taquilla, sí que ha suscitado otro par de fenómenos: en primer lugar el boca a boca está atrayendo a las salas a un público nuevo, el de clase media-alta que hasta ahora estaba renuente a apoyar el cine local, básicamente huyéndole a pagar por ver ciertas cosas insufribles y en segundo lugar, ha logrado que la gente vuelva a verla, ¡más de dos veces!

     Eso yo no la había visto en una película criolla y me parece que está ocurriendo porque da cierta sensación de novedad, de estrenar juguete nuevo, de ver por primera vez una película dominicana de tan alta factura, bien concebida y realizada, sin esos macos que saltan a la vista (o al oído) y súbitamente te sacan de concentración recordándote que estas sentado en el cine fumandote otro intento fallido.

     La película gusta al dominicano porque muestra nuestra realidad pero a la vez nos saca de ella por un buen rato, como cualquier otra película extranjera (buena). Es incómodamente realista, y a la vez irreal y bizarra, de un humor en cierto modo fino, entretiene y golpea bien duro y tiene varias lecturas, como la obra de cualquier artista que sabe lo que hace, una lectura sencilla y satisfactoria para el espectador que busca entretenerse un rato y otra más profunda, la que descifra el espectador más crítico y exigente, delatando en su director y guionista a dos tipos que tienen mucho, mucho que decir, y sobre todo que te saca del cine manteniéndote dentro de la historia, discutiendo con los demás qué carajo fue lo que pasó con la pistola, que era lo que quería tal personaje, que pasó con el otro fulano, y hasta averiguando si es verdad lo de Trujillo, y todo esto por un buen rato antes de que vuelvas a recordar que lo que acabas de ver es una película hecha aquí.

     Pero todo esto también hace que La Gunguna sea buena universalmente, porque te emociona, te deja queriendo más, es original, está muy bien contada, muy bien actuada, te la crees, te divierte y a la vez muestra nuestra realidad, la dominicanidad explicada en una película: la corrupción, el oportunismo, la miseria, la conformidad, la confianza en soluciones que al final no funcionan, como nuestras leyes que nadie cumple y multas que nadie paga; encomendarse a esa pistola, a ese santo, metresa o candidato, que más que ayudarte termina azarándote la vida, dejándote peor y rendido. La Gunguna, esa pistolita, es nuestro país, pequeño, hermoso, que podría funcionar pero no, no funciona. Es un discurso de denuncia y una sátira de nuestro tigueraje, que sin ser una obra maestra de estatuillas y palmas (o quien sabe) pues tiene sus vicios, nos da una bocanada de esperanza a nosotros los aspirantes, de que no tenemos que seguir la corriente para hacer cine y poder comer de este, y que ya no hay excusa para seguir diciendo que nuestro cine está en pañales, más bien ya está haciéndose hombrecito, o mujercita dependiendo de como se vea, igual ya tiene vello púbico… ehm, olvídense del vello púbico, vallan a ver La Gunguna que no se van a arrepentir.

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