viernes, 29 de julio de 2016
Protagonistas.
Cinco de la mañana. A veces con lo de la filmadera hay que levantarse temprano pero hoy no fue eso, era el calor que no me dejaba dormir. Así que busqué un vaso de agua y me detuve a ver por la ventana. Ya estaba aclarando y noté algo rarísimo. Entre las matas de guineo y las demás del patio, que son bastantes, había una cosa blanca, grande, como una columna o algo. Se me aceleró el pulso pero decidí salir a ver que carajo era eso, lentamente, no fuera a ser cosa que andara alguien ahí. Pensé que era una sábana que se quedó tendida pero no, era mucho más grande. Me acerqué sin hacer ruido y noté que era enorme, que sobrepasaba por mucho la altura de los árboles, y entre romper ramas y pisar cosas que no vienen al caso, logré tocar el objeto blanco. Al tocarlo sentí un gran alivio, algo inexplicable, me calmé y sentí como que todo estaba bien, pero luego no me pude soltar, me quedé adherido al objeto y traté con toda mi fuerza de despegarme, pero no pude.
Entonces miré hacia arriba y me di cuenta que el objeto era gigante, como de 20 metros de altura y tenía una forma como de una letra, como de una P ó algo así y al mirar abajo nuevamente me asusté: ya no estaba en el suelo, estaba volando, la P gigante me había llevado con ella, así que me terminé de aferrar a ella para no caerme, aunque de todos modos por lo visto no me iba a soltar. Miré a mi alrededor y vi que había cientos, quizás miles de letras subiendo poco a poco, algunas con personas adheridas y otras no, y miré más arriba y vi que las letras se unían a otras letras y formaban palabras, que a su vez formaban líneas, y esas líneas eran parte de toda una lista inmensa de nombres.
Intenté ladearme, voltear la cabeza para ver si alcanzaba a leer alguno, pero eran demasiados, y todos volando hacia arriba, casi todos con gente asustada colgando. Intenté aguzar los ojos para mirar al principio de la lista, y entonces lo tuve clarísimo: estaba atrapado en la P de mi nombre que se acababa de unir al resto de las letras que lo formaban, con todo y apellido, y todo aquello eran créditos subiendo, como al final de una película y aunque el principio de la lista estaba muy lejos y no distinguía bien lo que decía, sí podía leer la primera palabra que encabezaba los créditos, porque era notablemente más grande que las demás: decía claramente “Fin”.
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